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lunes, 2 de agosto de 2010

La historia de la leche en la Argentina

La lechería Argentina comenzó a tomar cierta forma luego de la Revolución de Mayo, con la llegada de diferentes grupos europeos. Esta incipiente lechería conservaba rasgos puramente artesanales, por lo que la industria lechera moderna de la Argentina reconoce su origen recién hacia principios del siglo XX. Por medio de la incorporación de tecnología, y del cuidado higiénico de la leche, se permitió a la población argentina acceder a productos de mayor calidad que los conocidos hasta entonces.

En la tercera década del siglo XIX se comenzó con la venta de leche tanto al por mayor como al por menor. Nacieron los llamados “tambos urbanos” que, además de abastecer a la población con leche fresca a toda hora.

En 1886 fue exhibida por primera vez en la Argentina una desnatadora de leche que llevaba el nombre de su inventor, el ingeniero sueco De Laval. Con la introducción de la desnatadora y las máquinas de vapor se empezaron a instalar en el país las primeras fábricas lecheras.

Hacia fines del siglo pasado, el progreso alcanzado por la industria láctea era todavía poco significativo y se limitaba a productos que se conservaban bien a temperatura ambiente (caseínas y ciertos quesos), ya que la tecnología de la conservación en frío y el poco cuidado por la calidad de la higiene de la leche cruda limitaban seriamente el crecimiento de la producción de lácteos frescos perecederos (leche fluida, crema, manteca, quesos frescos, entre otras cosas).

A principios del siglo XX, el problema de la salubridad de la leche quedó reducido a una fuerte campaña desde el sector oficial e importantes instituciones representativas, propulsando hervir la leche a fin de eliminar cualquier riesgo de contaminación por agentes patógenos.

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